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Principales enfermedades para acceder a una pensión de incapacidad permanente

El Instituto Nacional de la Seguridad Social no cuenta con un listado concreto de enfermedades que dan lugar a pensión de incapacidad permanente

Principales enfermedades para acceder a una pensión de incapacidad

En España, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones puede aprobar la percepción de una pensión para una persona por incapacidad permanente, con diferentes grados de la misma según hasta que punto le inhabilita para trabajar.

Sin embargo, en muchas ocasiones se encuentran ciertas incongruencias entre la ciudadanía por el hecho de aceptar ciertas afecciones o enfermedades como válidas para el acceso a una pensión de incapacidad permanente.

Lo cierto es que en el Instituto Nacional de la Seguridad Social no existe una lista concreta de enfermedades o patologías que derivan en la aceptación de una pensión de incapacidad permanente. Todo depende el grado de la enfermedad y la valoración de los equipos médicos.

Uno de los aspectos principales que valoran los equipos médicos del Instituto Nacional de la Seguridad Social es determinar si la enfermedad, patología o afección provoca secuelas o síntomas invalidantes a la hora de desempeñar un determinado trabajo. Así, hay casos en las que una misma enfermedad puede ser causa de invalidez para una persona pero no para otra.

Tipos de pensión por incapacidad permanente

Dependiendo del grado de invalidez acreditado, la persona puede recibir un tipo de pensión por incapacidad permanente concreta. Así, los requisitos para acceder a una u otra presentan diferencias sustanciales:

  • Incapacidad permanente parcial: Genera en el trabajador una disminución no inferior al 33% en el rendimiento de su profesión habitual:
  • Incapacidad permanente total: En este caso, inhabilita al trabajador para desempeñar su profesión habitual, pero puede desarrollar otra actividad laboral, cuyo grado de incapacidad se lo permita.
  • Gran Invalidez: El trabajador precisa de asistencia de otras personas para poder llevar a cabo los actos más esenciales de la vida.
  • Incapacidad permanente absoluta: Inhabilita al trabajador para cualquier profesión u oficio.

Enfermedades principales para le pensión de incapacidad permanente

En muchas ocasiones, los solicitantes de pensión de incapacidad permanente acaban en los tribunales, debido a que la Seguridad Social sigue un procedimiento estricto para la concesión de la misma. Generalmente, existen dudas sobre que enfermedades o dolencias pueden propiciar el derecho a recibir una prestación de estas características.

Cómo hemos señalado anteriormente, el Instituto Nacional de la Seguridad Social no cuenta con una lista de enfermedades o patologías que dan acceso a este tipo de pensiones. Sin embargo, desde Campmany Abogados explican algunos de los tipos de enfermedades más recurrentes que dan acceso a una pensión de incapacidad permanente:

1. Enfermedades psiquiátricas

Diferentes enfermedades de carácter psicológico dan lugar a una incapacidad para desarrollar una actividad laboral, cómo puede ser Alzheimer, trastorno de la personalidad, depresión severa, esquizofrenia o estrés post traumático.

En general, la Seguridad Social tiende a considerar todas las enfermedades psicológicas mediante un exhaustivo estudio antes de conceder una pensión de incapacidad.

2. Enfermedades oncológicas

Realmente las pensiones por incapacidad permanente en esta categoría son aprobadas debido a las secuelas que pueda dejar el cáncer en una persona, así como el proceso oncológico de quimioterapia.

3. Ojos, oídos y corazón

Las enfermedades relacionadas con la pérdida de visión o pérdida auditiva pueden dar lugar a obtener una pensión de incapacidad permanente, en diferentes grados. Hablamos de desprendimiento de retina, hipoacusia o síndrome de Meniere.

Además, todas las patologías cardiacas también forman parte del grupo de enfermedades que pueden dar lugar a recibir una pensión de incapacidad permanente.

4. Aparato respiratorio, digestivo y nervioso

Algunas enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio, aparato digestivo o aparato nervioso también son proclives a derivar en una pensión de incapacidad permanente. En este grupo encontramos patologías recurrentes como demencia, migrañas, Parkinson, ictus, esclerosis múltiple, apnea del sueño, asma, enfermedad de Crohn, obesidad, insuficiencia renal o pancreatitis; entre otras.

5. Traumatología y Reumatología

Así, las enfermedades relacionadas con traumatología y reumatología también pueden dar lugar a una pensión de incapacidad permanente en España. Hablamos de patologías como lumbalgia, artritis reumatoide, fatiga crónica, fibromialgia o hernia cervical.

Cómo y dónde presentar la solicitud de pensión por incapacidad permanente

Es adecuado que la presentación de solicitud se realice mediante el modelo oficial establecido por la Seguridad Social; ya que mediante este mecanismo se agilizan más fácilmente todos los trámites. Sin embargo, este hecho no es de obligado cumplimiento por parte de este organismo.

El formulario de solicitud de la pensión por incapacidad permanente contiene las instrucciones idóneas para su correcta cumplimentación. Sin embargo, puedes obtener más información al respecto en los Centros de atención e información (CAISS). Puedes contactar con este organismo través de los teléfonos 901 10 65 70 y 915 41 25 30.

Así, las solicitudes para este tipo de prestaciones pueden ser tramitadas y resueltas mediante los siguientes canales habilitados por el Instituto Nacional de la Seguridad Social:

  • Dirección provincial del Instituto Nacional de la Seguridad Social del lugar donde se presente la solicitud.
  • Dirección provincial del Instituto Nacional de la Seguridad Social del domicilio de la persona solicitante.
  • En caso de residir en el extranjero, en la Dirección provincial del Instituto Nacional de la Seguridad Social donde se acrediten las últimas cotizaciones realizadas en España.
  • Si dispone de certificado digital: En la Sede Electrónica del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE)
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El TSJC reconoce la “gran invalidez” de una mujer con fibromialgia y ordena abonarle 2.000 euros al mes

Redacción Catalunyapress Lunes, 26 de abril de 2021, 09:26

El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) ha reconocido la “gran invalidez” para una mujer con fibromialgia, una enfermedad que es controvertida en los círculos médicos porque no tiene unas dolencias concretas en todos los pacientes. Además, el TSJC ha ordenado abonarle casi 2.000 euros mensuales. 

La sentencia, que se dictó el 15 de marzo, tuvo en cuenta un informe que “expresamente alude a su dependencia para las actividades de la vida diaria en razón a un objetivado y sensible déficit de movilidad en un contexto de fibromialgiafatiga crónica y síndrome de sensibilidad química múltiple“. Por eso, se reconoce que la mujer ha tenido un “cuadro de astenia, debilidad y artromialgias de larga evolución y empeoramiento progresivo y limitado por múltiples intolerancias farmacológicas”.

El Juzgado de lo Social número 7 de Barcelona había denegado en 2018 la gran invalidez a la mujer. Pero ahora el TSJC ha decidido que aunque el informe médico deje la puerta abierta a que la paciente mejore, hay que revocar la resolución anterior y declarar a la “actora en situación de Gran Invalidez con derecho a percibir una prestación mensual equivalente al 100% de la base reguladora de 1.422,45 euros mensuales más el complemento de 640,10 euros”

La paciente trabaja como auxiliar administrativa y explica que aproximadamente en 2014 comenzó a tener dificultades para realizar su actividad con garantías básicas y que necesitaba la ayuda de una tercera persona en su rutina diaria. Según el Tribunal Supremo, hay que reconocer la gran invalidez a toda persona que necesite a otra para satisfacer necesidades primarias, subsistir fisiológicamente o realizar actividades “indispensables para la seguridad, dignidad, higiene y decoro“.

El Tribunal Supremo tiene establecida una descripción para este tipo de actos esenciales: todo aquel necesario para satisfacer necesidades primarias, subsistir fisiológicamente o realizar actividades “indispensables para la seguridad, dignidad, higiene y decoro”. Siendo así, por ley ha de reconocerse la gran invalidez. La paciente a la que ahora la Justicia le da la razón necesita una silla de ruedas “heteropropulsada” para moverse.

https://www.catalunyapress.es/texto-diario/mostrar/2854758/tsjc-reconoce-gran-invalidez-mujer-fibromialgia-ordena-abonarle-2000-euros-mes

El Vall d’Hebron encuentra un tratamiento efectivo para la fibromialgia

20Minutos

El método combina terapia psicológica con ejercicio, ‘mindfulness’ y educación en neurociencia del dolor.

La fibromialgia es una enfermedad caracterizada por el dolor crónico que afecta al 2% de la población.

HOSPITAL VALL D’HEBRON

El Servicio de Reumatología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona han demostrado a través del estudio ‘Fibrowalk’ la efectividad de un tratamiento multicomponente para los pacientes con fibromialgia, basado en educación en neurociencia del dolor, el ejercicio, la terapia cognitiva conductual y el ‘mindfulness’, ha informado en un comunicado este jueves.

La revista ‘Journal of Clinical Medicine’ ha publicado los resultados que han puesto de manifiesto que, en general, este enfoque multicomponente, sumado al tratamiento habitual -medicación y mínimas pautas de educación y ejercicio- es “significativamente más efectivo” que sólo el tratamiento habitual para este tipo de personas.

La fibromialgia es una enfermedad caracterizada por el dolor crónico, sobre todo en los músculos y articulaciones, y tiene “un fuerte impacto” en las actividades de la vida diaria.

Actualmente, esta enfermedad afecta alrededor del 2% de la población -mayoritariamente mujeres-, representa una carga importante para el sistema sanitario de muchos países y responde “muy poco” al tratamiento farmacológico.

Por lo tanto, para los investigadores evidenciar la efectividad de un tratamiento no farmacológico combinado para estos pacientes es “un paso muy importante” para poder disminuir el impacto de la enfermedad.

Puesto que la fibromialgia es una enfermedad multidimensional compleja, que implica una gran variedad de factores predispuestos. Los resultados del estudio recomiendan un enfoque multicomponente, combinando tratamientos farmacológicos y no farmacológicos.

Una parte del tratamiento no farmacológico que contempla es estudio es el llamado ‘mindfunless’, una práctica que consiste en “prestar atención plena al momento presente, sin juzgar”, dejando a un lado las preocupaciones por cosas que han ocurrido o que podrían pasar en un futuro. 

El equipo del Vall d’Hebron encuentra efectividad en el tratamiento cuando se combina con la práctica del deporte, así como con la educación en la neurociencia del dolor -que ayuda al paciente a entender su estado actual y le enseña estrategias para manejar el dolor-, y la terapia cognitiva conductual -un tipo de psicoterapia en la que el paciente trabaja con un psicólogo a lo largo de varias sesiones-.

https://www.20minutos.es/noticia/4624422/0/vall-hebron-encuentra-tratamiento-efectivo-fibromialdgia/

El estigma que une a los covid persistente con los enfermos de fatiga crónica

Ambas patologías comparten muchos síntomas y también muchos prejuicios

La pandemia ha puesto de relieve a un sector, el sanitario, muy maltratado en los últimos años por los recortes y que está siendo vital para poder afrontar y doblegar algún día esta crisis sanitaria. Pero a la vez, y de rebote, está otorgando cierta visibilidad a colectivos de enfermos que han vivido muchos años, todavía hoy, en el ostracismo.

La covid no sólo ha dejado muertos en el camino, también enfermos que meses después de la infección siguen padeciendo los síntomas de la enfermedad. Este colectivo, el de los covid persistente, denuncian que se sienten abandonados por el sistema, relegados al último lugar de la cola al no ser su caso de vida o muerte. 

Esta sensación le resulta familiar a otro grupo de enfermos que llevan muchas décadas sufriendo su patología casi en soledad, los pacientes del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).

Miquel Cano tiene 49 años y hace 11 que se lo diagnosticaron. Profesor de instituto, tiene un 67% de discapacidad reconocida y está jubilado. “La invisibilidad social, laboral, incluso médica, el ostracismo y el aislamiento social que sufrimos dan para un libro”, asegura.

Fue en 2009 cuando empezó su particular vía crucis. Notó que le costaba levantarse de la cama aunque no había practicado deporte el día anterior. “Estaba muy cansado”. Ahí comenzó un calvario de un año. “Me recetaban antidepresivos que no tomaba, tengo muy claro que lo mío no es mental. El grueso importante de la enfermedad se desarrolló, en mi caso, en tan solo tres o cuatro meses, muy rápido”.

Explica que cuando tiene un buen día, sale a comprar el pan. “Pero cuando vuelvo, ya tengo que echarme en la cama. Vivo con mis padres, que son muy mayores los dos. Tengo una casa propia, pero no puedo estar solo”.

Relata que tiene momentos muy malos. “Hace poco estuve tres días y tres noches boca abajo porque no podía respirar. Eso pasa a veces. Te quieres morir. No quise ir al hospital por el tema de la covid”.

Actualmente, todavía no hay una causa clara identificada que explique el SFC. “Hay muchas hipótesis, se habla de un proceso infeccioso, un proceso traumático, pero realmente no hay una causa evidente”, explica el doctor Ramon Sanmartín, miembro del servicio de reumatología del hospital Vall d’Hebron y especialista en SFC.

https://www.lavanguardia.com/vida/20210318/6484564/covid-persistente-enfermos-fatiga-cronica-estigma.html#foto-2

Los juzgados de Barcelona han reconocido la incapacidad permanente a dos trabajadoras con fibromialgia

l centro Tribunal Médico consiguió la primera sentencia por la enfermedad en 1996

El juzgado de lo social Nº12 de Barcelona ha reconocido una incapacidad permanente total, para su profesión habitual de ayudante de empresa de envasa o empaquetado a una trabajadora que sufría limitaciones a causa fibromialgia, trastorno límite de la personalidad y trastorno adaptativo con síntomas ansiosos depresivos en tratamiento y cervicodorsolumbalgia crónica. Además, la trabajadora tenía un 65% de discapacidad reconocida por el Departament de Treball, Afers Social i Famillíes de la Generalitat de Cataluña. 

Por otra parte, el juzgado de lo social Nº04 ha reconocido la incapacidad permanente total a una trabajadora empleada del hogar. Esta padecía limitaciones a causa de fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, hernias y otras patologías que agravaban el cuadro. 

El centro Tribunal Médico consiguió la primera sentencia por fibromialgia en 1996, sentando jurisprudencia al respecto y determinando que lo verdaderamente importante son los síntomas asociados a la enfermedad 

Los tribunales tienden a proteger con pensiones de invalidez

La fibromialgia es una enfermedad de difícil diagnóstico y tratamiento complejo. Los especialistas han certificado que los principales síntomas de esta patología son: dolor muscular, articular, dolores de cabeza, síndrome del ojo seco, cansancio, trastornos del sueño, sequedad o trastornos cognitivos. Consecuentemente la mayoría de ellos sufre de depresión y/o ansiedad, producto de la falta de entendimiento por parte del entorno laboral y/o familiar, incluso en ocasiones médico, de su enfermedad y padecimiento agravado su cuadro.

Alejandro Rusiñol, experto en Derecho Social de nuestro centro médico jurídico señala que “en cada trabajador es fundamental evaluar, no las patologías en sí, sino el conjunto de lesiones que merman o anulan la capacidad del mismo, ya que la valoración de la invalidez permanente ha de hacerse atendiendo fundamentalmente a las limitaciones funcionales derivadas de los padecimientos que determinan la efectiva restricción de la capacidad”.

https://judicial.elconfidencialdigital.com/articulo/sentencias/juzgados-barcelona-han-reconocido-in-recientementecapacidad-permanente-trabajadoras/20210308193501013599.html

Sesgo de género en la ciencia y en la medicina

Las mujeres y los hombres no enfermamos igual, biológicamente somos diferentes, pero eso no significa que por derecho no tengamos la misma atención o que a las dolencias y patologías de las mujeres se las trate como enfermedades de segunda.

Exceptuando los problemas exclusivos femeninos (tumores ginecológicos, trastornos de la menstruación o problemas obstétricos y derivados del embarazo), y lo mismo podemos decir para los masculinos, los problemas de salud son los mismos. Pero tenemos que hacer una puntualización en este punto. Las patologías pueden ser las mismas, pero no así los síntomas y signos que derivan de ellos. Aquí si hay que tener en cuenta no solo nuestra biología (hormonas, genes…), sino también el concepto de género y lo que socioculturalmente significa.

El sexo se basa en configuraciones cromosómicas y procesos fisiológicos y aunque la configuración cromosómica es compleja, los análisis para determinar las diferencias salud/enfermedad por sexo tratan esta variable como dicotómica. La guía en Igualdad de Género en Horizonte 2020 de la Comisión Europea, cuando nos referimos al término “sexo” hacemos referencia a las características biológicas de mujeres y hombres, niños y niñas, en términos de órganos reproductivos y funcionales basadas en la fisiología y los cromosomas.

En relación al “género” la Comisión Europea se refiere a la construcción sociocultural y política que determina las relaciones interpersonales de las mujeres y los hombres que otorgan beneficios y acceso a recursos como los sanitarios, a quienes están en posiciones más elevadas de una jerarquía de género. El género varía en el tiempo y en el espacio y entre culturas. Aquí hay que tener en cuenta las actitudes, roles y posiciones de poder e identidad de género y modelos de comportamientos que están determinados por estereotipos (normas y valores) incorporados durante la socialización y que tienen un impacto en el cuerpo (células, hormonas y  órganos).               

La salud de las mujeres ha permanecido y permanece invisible en muchos aspectos, dado que la Ciencia médica tiene todavía una visión androcentrista. Aunque podemos decir que en las últimas décadas ha avanzado poco a poco.

Para saber de qué estamos hablando, vamos a ver unos ejemplos:

  • En el caso de las enfermedades mentales, las mujeres son etiquetadas con mayor frecuencia de problemas de salud mental, pero si a la depresión y la ansiedad le añadimos el alcohol y el suicidio la prevalencia es parecida en ambos sexos
  • En las enfermedades pulmonares, por ejemplo, la EPOC, la mujer era menos tenida en cuenta, por el tema del tabaquismo. Esto se ha solucionado con la realización de pruebas como la espirometria.
  • En las enfermedades cardiovasculares, se tenía una falsa creencia de que las hormonas femeninas protegían a la mujer. Cuando una mujer llegaba al hospital con síntomas de infarto, no se le hacían pruebas o no tantas como se le hacía si llegaba un hombre con los mismos síntomas. Los síntomas en la mujer no son tan claros o expresivos, son de menor intensidad y no tienen una localización específica, suelen irradiarse hacia el estómago, cuello o mandíbula, y los médicos no le dan tanta importancia.
  • Fibromialgia: la percepción del dolor no es igual en hombres y mujeres y puede que su razón sea hormonal. Hay expertos que piensan que se ha utilizado este término para englobar una serie de síntomas que causan dolor y malestar muscular y articular, y que se consideran incurables. Pero con un buen diagnóstico diferencial, podemos ponerle nombre a la patología y de ahí a un buen tratamiento, lo que facilitara la vida a la mujer
  • COVID-19: en este caso, la información al respecto es muy variable y va cambiando según se van conociendo más características del virus y de cómo actúa. Las cifras de casos confirmados varían dependiendo del país. Los síntomas que relato a continuación son del principio de la pandemia. En España al principio de la pandemia los contagios eran más frecuente en hombres que en mujeres, pero a partir de principios de abril, los datos se igualaron. Incluso ahora podemos decir, que hoy en día hay más casos de confirmados de Covid-19 en mujeres por los roles que desempeña, como el de cuidadora. En cuanto al proceso de la enfermedad, hay explicaciones genéticas y hormonales para la diferente susceptibilidad entre sexos. En el hombre se observó que cursaba con fiebre, disnea, neumonía, síndrome de distrés respiratorio agudo y fallo renal, lo que le llevaría a ser hospitalizado y a la realización de pruebas diagnósticas. En las mujeres, dolor de garganta (que al principio no se consideraba síntoma), vómitos y diarrea, lo que podría inducir a una menor sospecha diagnostica de esta enfermedad y a una menor hospitalización. En este caso, como en muchos otros la gravedad se expresa en hospitalizaciones e ingresos en Unidades de Cuidados Intensivos, con una mayor tasa de ingresos de hombres. A día de hoy,  además de haberse identificado más síntomas a lo largo del año pasado como son pérdida de olfato y gusto, congestión nasal, dolores musculares, conjuntivitis, etc… parece que estos cursan por igual en ambos sexos. Lo que demuestra, que por lo menos al principio de la pandemia, existió un sesgo de género.

Y así podríamos seguir describiendo enfermedades como: osteoporosis, anemia, alteraciones tiroideas, cirrosis, infartos cerebrales, migrañas, etc…

La suposición acientífica de que las mujeres sufren de la misma forma las enfermedades que los hombres, los mismos síntomas y la misma evolución, ha sido una de las causas principales de que la salud femenina sea todavía invisible para la medicina, como denuncio Bernardina Healy en 1991, primera directora femenina del Instituto de Salud de EE.UU.

El enfoque o perspectiva de género (Ley General por la Igualdad entre Hombres y Mujeres) en salud permite visualizar las diferencias entre hombres y mujeres y por lo tanto realizar intervenciones con correspondencia con las necesidades de cada sexo, pero con una misma necesidad sanitaria. Se refiere a la metodología y a los mecanismos que permiten identificar, cuestionar y valorar la discriminación, desigualdad y exclusión de las mujeres, que se pretende justificar con base a la diferente biología entre ambos sexos.

Pese a que las principales causas de muerte son las mismas para ambos sexos en los países desarrollados, muchos estudios biomédicos como los ensayos clínicos han utilizado a los hombres como prototipos poblacionales y han inferido aplicando los resultados en mujeres, como si su historia natural y social y como responden a estas enfermedades, serían las mismas. De hecho, la exclusión de las mujeres con el argumento de prevenir el riesgo de daño fetal, se las ha podido perjudicar en vez de proteger.

Fue a partir de los movimientos feministas de los años sesenta, cuando las mujeres expresaron su descontento con la jerarquía del modelo de interacción médico-paciente. Pero no es hasta los años noventa cuando las asociaciones médicas ven las necesidades de la salud de las mujeres más allá de la reproducción e intentan aportar soluciones específicas. Se constata que la calidad de la atención sanitaria recibida por las mujeres está condicionada por el desconocimiento científico sobre la Historia natural de ciertas enfermedades, diferentes de las de los hombres, y por diferentes tipos de enfermedades respecto a las padecidas por los hombres. Como resultado, necesitan prevención, tratamiento y atención diferenciada.               

Los hombres tienen una menor esperanza de vida, 4,4 años menos, que las mujeres y una mayor carga de años de vida ajustados por discapacidad. Gran parte de estas diferencias se deben a factores relacionados con el género, costumbres, hábitos y normas sociales. El enfoque de género cuestiona los estereotipos con que somos educados y abre la posibilidad de elaborar nuevos contenidos de socialización y relación entre los seres humanos. Por lo que nos sirve y nos permite entender que los síntomas de ciertas enfermedades, o los efectos secundarios de algunos medicamentos son diferentes en las mujeres que en los hombres.

Hay dos sesgos claves a la hora de valorar la atención sanitaria con respecto a la atención recibida por hombres y por mujeres y son el sesgo de esfuerzo diagnóstico y el terapéutico. La probabilidad de que quien parece una enfermedad sea tratado adecuadamente es muy pequeña si no se realizan las pruebas pertinentes o se interpretan mal. Y esto va a depender tanto del profesional sanitario como de la mujer y sus condicionantes biológicos y de género (socioculturales).

Son indicadores clave a la hora del estudio sobre el sesgo de género en el esfuerzo terapéutico: el acceso a los servicios sanitarios y a los hospitales de ambos sexos para igual necesidad, la aplicación de procedimientos terapéuticos en hombres y mujeres para una misma patología, la demora y la espera en la asistencia y la prescripción y consumo de fármacos. A todo esto, hay que añadir la investigación en salud ya que con respecto al sesgo de género mantiene un círculo vicioso que resta importancia a cuestiones de género en salud y perpetua el descuido (infrarrepresentadas en ensayos clínicos)

La mayor utilización del hospital por hombres que por mujeres es un indicador de sesgo de género en el esfuerzo terapéutico de los que más información existe en la bibliografía científica. Esta no es solo responsabilidad de los pacientes, sino que esta mediada por el médico y el sistema sanitario.

El análisis de la influencia de los roles y la identidad de género en la salud de las mujeres aporta una información imprescindible si se pretende no solo igualdad de oportunidades en el acceso a los servicios sanitarios, sino igualdad en los resultados en términos de salud, para igual necesidad de ambos sexos. Uno de los argumentos más utilizados es que ante un problema de salud, las mujeres son las responsables de la demora en la asistencia sanitaria, es decir, ellas retrasan la llegada a urgencias y esto podría relacionarse con la mayor letalidad hospitalaria en mujeres. Por ejemplo ante un ataque de miocardio y su demora entre el inicio de los síntomas y la monitorización. Por supuesto los roles de género, como el papel de cuidadora, estarían detrás de esta demora. 

En las últimas dos décadas se han iniciado proyectos sobre género y salud. El Proyecto “Gender Innovations (Universidad de Stanford), El informe de Salud Global 50/50, “el Programa Horizonte 2020” (Comisión Europea), la Organización Mundial de la Salud incluye estudios de género en sus prioridades, y el proyecto nacional “Género y Salud de la Escuela Andaluza de Salud Pública”

La perspectiva de género aporta información que ayuda a repensar por qué y cómo los sesgos de género pueden llevar a un concepto erróneo de ciertas enfermedades, sobre todo en las mujeres e influir en el proceso asistencial, tanto en el esfuerzo diagnostico como en el terapéutico. Por tanto, es útil identificar las interacciones de sexo y género puesto que producen diferencias en la expresión de los estados de salud-enfermedad, y porque las diferencias por sexo pueden estar justificando sesgos de género en la atención sanitaria.

«Estamos viendo un repunte del síndrome de Fatiga crónica al observarse en pacientes que han pasado el coronavirus»

Quirónsalud

Cuando el cansancio se prolonga durante más de seis meses y la actividad laboral, mental y física disminuye más de un 50% y nos sentimos incapaces de realizar la actividad que hacíamos previamente, nos encontramos ante un caso de síndrome de fatiga crónica, también denominada encefalitis miálgica. El neurólogo Juan Carlos Gómez, coordinador de la Unidad de Neurociencias Clínicas en Policlínica Gipuzkoa nos explica su posible origen, las nuevas terapias y ensayos clínicos en los que participan él y su equipo para tratarla y su relación con el coronavirus.

«El síndrome de fatiga crónica es un conjunto de síntomas con causas de origen diverso -aclara- y una de los más frecuentes es una infección viral, que es el 30 o 40% de los casos». «De hecho -añade- se le conocía antiguamente como fatiga posviral, porque los agentes causantes de este síndrome eran de origen vírico». «Con la infección por coronavirus está habiendo un repunte del síndrome de fatiga crónica en pacientes que lo han pasado», sostiene Gómez. «Además, en estos casos se observan otros síntomas como el insomnio, la cefalea, las palpitaciones o los problemas hemodinámicos», comenta el neurólogo.

«Aunque es difícil hablar de curación en enfermedades crónicas, hay tratamientos efectivos que mejoran mucho la calidad de vida con tratamientos específicos», afirma Juan Carlos Gómez. «Los tratamientos inmunomoduladores de toda la vida, como los corticoides, salvan vidas en fase aguda y pueden mejorar síntomas en pacientes que cumplen los criterios. Pero este tipo de medicamentos tienen muchos efectos adversos. Un paciente con síndrome de fatiga crónica poscoronavirus, que tenga anticuerpos muy elevados, se puede beneficiar de este tipo de tratamiento hasta el punto de mitigar los síntomas».

¿Cuándo acudir a la consulta?

«Lo recomendable -afirma- es que pasen seis meses desde que han pasado el coronavirus o algún tipo de infección, o en el caso de pacientes que hayan sido diagnosticados de enfermedades como por ejemplo las que afectan al tiroides, que son producidas por trastornos de autoinmunidad y que se manifiestan por cansancio extremo físico y mental». Además, el neurólogo señala que otros de los signos típicos son las alteraciones cognitivas, en la que los pacientes tienen dificultades de concentración sostenida: «son incapaces de leer un libro, de ver una película y cuando eso se prolonga en el tiempo tienen que venir a consulta».

Más en mujeres y jóvenes

Un aspecto curioso del síndrome de fatiga crónica es que es «hasta cuatro veces más frecuente en mujeres, y en mujeres jóvenes, entre los 30 y 40 años, que están en el máximo esplendor de la vida y en su momento de mayor rendimiento intelectual y laboral», sostiene Gómez Esteban.

La afectación psicopatológica es extensa, por lo que el coordinador de la Unidad de Neurociencias de Policlínica Gipuzkoa cree que quienes lo padecen «están muy estigmatizados», pues según afirma «la sociedad les etiqueta falsamente de pacientes solo psiquiátricos, cuando muchas veces el aspecto psicológico es solo secundario al problema real que es un cuadro de origen inmunológico que produce una gran fatiga». «Es decir -concluye- hay que abordar al paciente desde todas las esferas, no solo la neurológica, sino la psiquiátrica y también la neuropsicológica y por eso desde nuestra unidad tratamos cada caso con un enfoque multidisciplinar y disponemos de estudios clínicos en los que estamos participando para poder ofrecer a cada paciente un estudio personalizado y un tratamiento lo más idóneo posible».